Ensayo — La Escuela de la 4T: Educación para la Democracia Alonso Castillo Pérez — Guadalajara, Jalisco, 29 de febrero de 2024
I. La Escuela de la 4T está por construirse
Una de las propuestas de la llamada 4T está vinculada con la educación y la formación para la democracia. Sin embargo, está aún por construirse y requiere ser atendida, ya que como afirmó Isidro Castillo en 1984 en su conferencia La Revolución Educativa: La descentralización, “Es un hecho que toda Revolución Social lleva consigo una pedagogía o educación propia que las realicen y consoliden” [1]. Por ello, abordaremos dos conjeturas principales; la primera propone que los proyectos educativos de las grandes transformaciones sociales no han sido su causa, sino su consecuencia; emanan de ellas. Y la segunda, que, sin un proyecto educativo propio, es posible que las Revoluciones sociales queden truncas.
Por ilación elemental, se considera improbable que la pedagogía del régimen vencido sea la forjadora de las conciencias de los que luchan en su contra; es mucho más probable que el régimen anterior impulsara un modelo educativo destinado a garantizar su permanencia. Además, hay experiencias notables a favor de este postulado, por ejemplo:
- La Educación que emanó de la Revolución Francesa se manifestó por primera vez cinco años después del inicio de la lucha armada, y no fue sino hasta la Constitución de 1793 que la Educación se declaró “Derecho humano”, por vez primera en el mundo. Más tarde emanó la Escuela Napoleónica.
- La pedagogía de la Revolución Bolchevique se consolidó hasta la década de los treinta (casi veinte años después del inicio de la lucha armada), con la emblemática publicación del “Poema Pedagógico” de Antón Makárenko, sin duda, la obra cumbre para la educación de la naciente sociedad socialista.
También la Escuela surgida de la Revolución Mexicana de 1910 se reconoció catorce años más tarde.
Así pues, este texto tiene el propósito de participar en la construcción de un modelo Educativo que sea capaz de consolidar la Cuarta Transformación. Es de esperarse que, en unos pocos meses, amaine la vorágine de pasiones despertadas en 2018 que hicieron posible el triunfo del movimiento, así que cuando pasen las próximas elecciones, será el momento oportuno para profundizar en la construcción de la Escuela de la 4T; la cual, como la poesía de Antonio Machado, brotará “de manantial sereno”, pero con sangre jacobina.
La llamada “Nueva Escuela Mexicana” resulta muy apropiada para el proceso por venir, y hay por lo menos dos razones para esta afirmación: la primera se refiere a que la Educación en México no equivale a la Escuela Mexicana. Para la primera, basta con que ocurra en nuestro país [2], como muchas reformas anodinas impuestas desde el poder. Por el contrario, la nueva Escuela Mexicana debe ser producto de las experiencias indelebles que se recogen cada día de los “momentos estelares” que vivimos. Y la segunda, hace referencia al adjetivo “nueva”, que es un reconocimiento a la existencia de una Escuela Mexicana anterior. En efecto, hubo una Escuela Mexicana la cual fue producto de la Revolución de 1910.
II. Las reformas educativas han fracasado cuando se sustentan en ideas pedagógicas
Una característica del último medio siglo es la aparición de innovaciones con mucha frecuencia, y estas se incorporan al desempeño del trabajo. Por ejemplo: la terapia génica ya en uso, la aparición del primer medicamento para ralentizar el Alzheimer, o el trasplante fecal para el tratamiento de enfermedades mentales, todas ellas que quizá no crearán una Reforma en la Secretaría de Salud. Pero cabe preguntar, ¿son las innovaciones pedagógicas tan disruptivas que pueden provocar Reformas en el servicio educativo? ¿Podrían simplemente incorporarse al trabajo, como algo natural en nuestro tiempo?
Ante esto, conviene despertar cierta sospecha ante las revolucionarias reformas educativas que no sean parte de un movimiento social o de un cambio de régimen. El eminente maestro George I. Sánchez, de la University of Texas at Austin, expresó en su libro A Revolution by Education (1935) [3] que:
Para entender la educación mexicana es necesario que uno conozca el desarrollo histórico del país, el ambiente geográfico, los problemas sociales y económicos y las esperanzas y aspiraciones de cuatrocientos años de lucha infiltrada en el alma de los mexicanos. La escuela de México es integral y representa un proceso socioeconómico más que un proceso educativo tal como ordinariamente se entiende en Estados Unidos. Los educadores americanos, acostumbrados como estamos con escuelas de responsabilidad más limitada, encontramos dificultades para pensar en agencias educativas oficiales que estén activamente envueltas en reformas revolucionarias, sociales y económicas. [4]
Así, el fracaso de múltiples reformas educativas en México se debe, sin duda, al inveterado error de concebirlas como reformas pedagógicas. Y al respecto mostraremos dos ejemplos aleccionadores:
- Durante el siglo XIX pareció que se conformaba una Educación Nacional (aunque no mexicana), con la síntesis de las ideas de José María Luis Mora, el modelo lancasteriano impuesto en el gobierno de Guadalupe Victoria, las aportaciones pedagógicas de Enrique Rébsamen (suizo), Enrique Laubscher (alemán), Carlos A. Carrillo y Abraham Castellanos en los Congresos pedagógicos de 1889 y 1890; además de la gestión de don Justo Sierra en la Secretaría de Instrucción Pública y Bellas Artes del porfiriato. Pero el pensamiento positivista de Comte, que los intelectuales orgánicos de México (Los Científicos) mezclaron con ideas evolucionistas de Darwin, no pudo dar al proceso ni ideales ni metas. José María Vigil señaló que el “positivismo mexicano, al separar la doctrina del método y quedarse con el segundo, mostró su incapacidad para una educación adecuada” [5].
- En el ámbito educativo, los métodos suelen sustituir a los ideales. Método viene de “meta = más allá” y “odos = camino”. El padre de la llamada pedagogía “científica”, Johann Friedrich Herbart, solía decir: el método es el maestro. En el terreno de los hechos, las reformas educativas en México basadas en los métodos han sido un camino hacia una meta ignota. Esta fue la Educación que antecedió a la Revolución Mexicana. La Educación que antecede a la 4T repitió el error del porfiriato. El gobierno federal impuso un modelo educativo diseñado por la Organisation for Economic Cooperation and Development (OECD). Sus principales elementos fueron: a) La comparación de los sistemas educativos de los países miembros de la OECD se hace mediante indicadores derivados de los informes del Programme for International Student Assessment (PISA). El programa se vale de pruebas estandarizadas que se proponen medir el rendimiento en matemáticas, ciencia y lectura de los jóvenes de 15 años de los países miembro. b) Con el fin de que la prueba no se basara en conocimientos unificados, se realizó una Definition and Selection of Competencies (DeSeCo), que consistió en tres grandes categorías que dieron origen a ocho “competencias claves o básicas para cualquier individuo”. Sin embargo, la mentalidad conservadora, incapaz de generar una educación nacional, reapareció al iniciar el siglo XXI con un discurso seudopedagógico que habló de un método y un modelo pedagógico por competencias. c) Las autoridades educativas contemporizaron llenando de un supuesto contenido el sistema, pero los maestros que trabajaron en los frentes no lo adoptaron: les pareció ajeno a su labor. Y, como era de esperarse, el método se convirtió en formatos para diseñar planes de estudios, planeación educativa y otros documentos burocráticos.
Así pues, la mentalidad que reinó en la concepción educativa del porfiriato resurgió en el periodo previo a la 4T: el afán fallido de buscar la modernidad en modelos europeos y la reducción a los métodos despreciando la doctrina. Es por eso que puede decirse que el periodo anterior es un Neoporfirismo, por lo menos en lo referente a la mentalidad de largo aliento.
III. Contribuciones de la escuela de la Revolución de 1910 a la Escuela de la 4T
En 1921 el presidente Álvaro Obregón creó la Secretaría de Educación Pública (SEP) con tres departamentos: Bellas Artes, Escolar para el medio urbano, y Bibliotecas y Archivos. José Vasconcelos Calderón, primer secretario del ramo, ya había sido titular de la Secretaría de Instrucción Pública y Bellas Artes [6], surgida en el porfiriato y que sobrevivió todo el periodo de las luchas armada y constitucionalista.
En ese entonces, Vasconcelos se esforzó por crear bibliotecas y por la edición de libros clásicos de la literatura universal. También, como parte de su interés por la cultura exquisita, envió maestros al medio rural con la encomienda de alfabetizar a los campesinos que habían hecho la Revolución. Pero los maestros que acudieron a las comunidades rurales encontraron resistencia por parte de los campesinos para ser alfabetizados. La lucha armada hizo que muchos de ellos recorrieran el país; la mayoría nunca había salido de sus comunidades, aisladas por vastas zonas, bosques, desiertos y por las agrestes cordilleras que cubren nuestra geografía. La promesa con la que don Porfirio tomó el poder, la de formar una nación, fue incumplida. Mientras los ejércitos revolucionarios recorrían los campos, iban quedando al descubierto las entrañas de un país huérfano de justicia y explotado. La Revolución fue una lucha contra el poder despótico, pero, sobre todo, una “toma de conciencia”; una prise de conscience, en palabras del doctor Jean Sarrailh, rector de la Sorbona [7].
De tal manera, los campesinos estaban alentados para pugnar por la justicia. Su necesidad principal no era el alfabeto [8] sino mejorar las condiciones de vida de sus comunidades. Por su parte, los maestros asumieron las demandas y se concibieron como portavoces de la civilización moderna en el sentido más amplio. Ellos eran el puente sobre el abismo que se había forjado en siglos de abandono. Entonces la Educación debía abandonar todo prejuicio pedagógico para contribuir a llevar la salud, el derecho, la higiene, la ciencia, el cultivo de la tierra, etcétera. Por ejemplo, el profesor Simón Ramírez Rodríguez, de Etúcuaro, tuvo que ser partero en la comunidad en la que se desempeñaba.
En estas circunstancias, su labor no solo incluía a los niños, sino también a los adultos y a la comunidad como un todo. La escuela tradicional se encerraba en edificios y no contaba con una pedagogía para educar a los mayores. El adulto no alfabetizado ya tiene una vida que hizo prescindiendo de las habilidades de la lectoescritura. Su alfabetización implica un proceso de intelectualización que lo lleve del conocimiento práctico adquirido en el mundo vivido de los objetos y los acontecimientos que él puede alcanzar con los sentidos, a un mundo de símbolos abstractos. Además, debe pasar del campo de la idea-sensación que favorece su intuición, a trasladar a la conciencia los pensamientos y los sentimientos que le permitan redactar y conversar con la lectura.
Por tanto, no fue sino hasta 1924 que las autoridades de la SEP dieron acuse de recibo de lo que ocurría en el frente rural. El arribo de los maestros Moisés Sáenz Garza y Rafael Ramírez Castañeda fue determinante. Sáenz tradujo el último tomo del libro de Jesse Jones, Los cuatro elementos de la educación, que se refiere a los cuatro elementos de la cultura, lo adaptó al proceso que vivía la escuela rural y lo envió al frente. En resumen, la Escuela de la Revolución forjó un modelo cuyas características destacables son:
- La educación es un servicio, no un proceso que ocurre en un aula.
- La educación es un recurso útil para mejorar las condiciones de vida de la población.
- La educación debe beneficiar a los niños en su infancia, a los adultos en su adultez y a la comunidad considerada como un sistema complejo; no la yuxtaposición aditiva de individuos, sino un conjunto de personas que interactúan entre sí. De esa interacción provienen los grandes cambios sociales.
- La educación no tiene un fin propedéutico, es decir, su principal inspiración no viene del futuro, sino de la situación que viven los niños, los adultos y las comunidades.
- Puesto que la Revolución Mexicana ha quedado inconclusa, la nueva Escuela Mexicana deberá considerar su vinculación con la primera Escuela Mexicana.
Por su parte, la Secretaría de Educación Pública deberá prestar el servicio educativo en las aulas y fuera de ellas, con los niños, los adultos y las comunidades, acompañada de otras secretarías que prestan servicio a la población, las cuales deben incorporar a su misión la labor educativa. Algunas de las Secretarías evidentemente involucradas son: Salud; Agricultura y Desarrollo Rural; Bienestar; Medio Ambiente y Recursos Naturales; Energía; Economía; Desarrollo Agrario, Territorial y Urbano; Infraestructura, Comunicaciones y Transportes; Trabajo y Previsión Social; Turismo, y Cultura. Todas ellas deberán reconocer su función educadora.
Todas ellas pueden abrir espacios educativos creativos y bien informados. Me valdré de algunos ejemplos para abreviar el texto.
Problema. El desconocimiento generalizado de la microbiota del suelo.
Es muy importante que todos sepamos que, además de los minerales, el agua y la materia orgánica, existen muchos seres vivos microscópicos que habitan en el suelo y gracias a los cuales sobrevivimos. Para tomar conciencia se requiere que los niños y los adultos tengan la oportunidad de mirar ese universo inalcanzable para la vista. Con la coordinación de la Secretaría de Educación Pública, la SEMARNAT, la SEDATUR y Agricultura destinan laboratorios ambulantes equipados con microscopios y el diseño de actividades bien informadas, accesibles y creativas para que todos podamos tener la experiencia de conocer otros seres vivientes que nos acompañan en el planeta y de los cuales depende nuestra calidad de vida. Sin embargo, los herbicidas y el glifosato amenazan su existencia y, con ello, la fertilidad del suelo y lo que da vida a nuestro planeta. Serían como misioneros de la protección del planeta, y los niños y los adultos leerían con un propósito útil.
En el documental Where to Invade Next?, Michael Moore muestra que en algunas escuelas de educación básica en Francia, los alumnos comen en la escuela una comida diseñada por un chef, la cual es subvencionada por el gobierno de la ciudad. Sobre la alimentación se puede construir un campo de aprendizaje en el que interviene la nutrición, la higiene y su conexión con la microbiología y la inocuidad de los alimentos; la cocina es un laboratorio de química para conocer muchas sustancias y sus propiedades, las mezclas, las disoluciones y los coloides, etcétera. Sobre cualquier asunto relacionado con la realidad de los niños puede construirse un campo de aprendizaje. Una vez puesto en marcha el proyecto, profesores, entidades de los tres niveles de gobierno y sociedad encontrarán formas inspiradas para educar.
Por ello, el peor escenario no es la falta de presupuesto, sino la carencia de un proyecto. De esta manera, el nuevo gobierno debería revisar los efectos perniciosos de la Descentralización Educativa con la que inició el periodo neoporfiriano, ya que esta no tuvo motivación educativa, sino política. Su finalidad fue debilitar al Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE), a la sazón dirigido por Carlos Jonguitud Barrios. Con motivo del fallecimiento de Miguel González Avelar, quien estuvo al frente de la Descentralización cuando fue secretario de Educación durante la presidencia de Miguel de la Madrid Hurtado, su hijo, el talentoso escritor Nicolás Alvarado, declaró a la prensa: “recuerdo que los dolores de cabeza de mi papá se llamaban Carlos Jonguitud Barrios” [9].
En consecuencia, el fracaso de la Descentralización era predecible. La Regionalización fue una propuesta que podría retomarse, pero con el acompañamiento de otras agencias del gobierno federal; por lo menos de las áreas educadoras que surjan.
En los primeros días de enero de este año, el señor Marko Cortés Mendoza, presidente del Partido Acción Nacional, dio a conocer el acuerdo para apoyar a Manolo Jiménez Salinas en la elección para la gubernatura del estado de Coahuila. El PAN tendría el subsistema de Educación y el 20% de las direcciones de los planteles educativos y universidades. Este acuerdo solo dejó evidencia de lo que ha pasado durante el periodo neoporfirista con las escuelas y la autonomía universitaria.
Por eso, y por otras razones, la Descentralización facilitó el arribo de sátrapas segundones, sin vocación por la educación ni oficio, pero frecuentemente distinguidos por su ignorancia soberbia. Aunque transformar la Descentralización por una Regionalización acompañada es un reto político muy fuerte, alienta esta propuesta la afirmación que la candidata a la presidencia por la 4T declaró en el noticiero “Sin Embargo”, el pasado 27 de febrero del año en curso, en el sentido de que desearía ser la presidenta de la Educación. Es notorio que esta es una convicción de ella. Sugerimos considerarlo por el probable apoyo popular que ello supondría.
Y no se puede dejar de mencionar que varias veces se ha planteado la necesidad de sacar al gobierno federal de la Ciudad de México, como un paliativo para disminuir la tasa de crecimiento poblacional en la zona conurbada de la capital. Una alternativa sería regionalizar no solo la Educación, sino también las otras secretarías de servicio y educación, ya que podrían trabajar de manera coordinada. Por tanto, es una reforma necesaria del poder ejecutivo.
IV. Educación para la Democracia
Revisando la historia se encuentra que el primer registro que hay para que en nuestro país la educación sea democrática es en la Constitución de 1917, donde se señala que: “La enseñanza es libre [10]; pero será laica la que se dé en los establecimientos oficiales de educación, lo mismo que la enseñanza primaria, elemental y superior que se imparta en los establecimientos particulares”.
El adjetivo “laico” procede del latín laicus, y este del griego laikos (laos = pueblo, ico = relativo); es decir, la escuela laica es la escuela del pueblo y no la de una facción o parcialidad. En este sentido es democrática. Y si se revisa la primera reforma al artículo tercero, realizada en el gobierno de Lázaro Cárdenas, se encuentra que esta elimina el carácter laico y, por el contrario, establece una doctrina: “La educación será socialista y, además de excluir toda doctrina religiosa, combatirá el fanatismo y los prejuicios, para lo cual la escuela organizará sus enseñanzas y actividades en forma que permita crear en la juventud un concepto racional y exacto del universo y de la vida social”.
También se encuentra la reforma de 1948, redactada por Jaime Torres Bodet, que garantizó la libertad de creencias consagrada en el Artículo 24, y que establece con claridad el carácter democrático de la Educación: “Será democrático, considerando a la democracia no solamente como una estructura jurídica y un régimen político, sino como un sistema de vida fundado en el constante mejoramiento económico, social y cultural del pueblo”. Este texto da cuenta de lo ocurrido en la Escuela Mexicana que emanó de la Revolución de 1910, y que el mismo Torres Bodet llevó a la UNESCO.
Por su parte, en la reforma del 5 de marzo de 1993, Carlos Salinas de Gortari recupera el concepto de Educación laica, pero con dos trucos perversos [11]: 1) empata el laicismo con “ajena a cualquier doctrina religiosa”, por lo que el sentido democrático de la palabra queda desplazado, y 2) esta exigencia solo es para las escuelas públicas, por lo que las particulares recuperan formalmente la libertad de enseñanza religiosa.
En los treinta años del Salinato como mentalidad, las escuelas privadas no han aportado nada en el combate al clasismo; por el contrario, son buscadas por un sector superior en recursos económicos y en moral, ya que en su mayoría son católicas y, por lo tanto, universales. Mientras la ciencia carece de certezas, la enseñanza religiosa abastece de ellas para dar, repartir y juzgar a los excluidos.
Por consiguiente, la escuela de la 4T deberá propiciar una Educación para la Democracia (no como propaganda, sino en los hechos) por cuatro características que nos aporta nuestra historia nacional:
I. Deberá recuperar el laicismo para una educación sin clasismos, sin adoctrinamiento ni de los poderes formales ni de los fácticos. La Escuela del pueblo en un gobierno del pueblo, para el pueblo y con el pueblo. Ni la escuela Napoleónica ni la Soviética fueron laicas.
II. Contribuirá al Estado de Bienestar, entendiendo la democracia como “un sistema de vida fundado en el constante mejoramiento económico, social y cultural del pueblo”.
III. En nuestra Educación democrática deben incluirse a todos como educadores: autoridades y pueblo, y pugnar porque este papel sea honrado por todos.
IV. En nuestra Educación democrática deben incluirse a todos como educandos: autoridades y pueblo. Cultivar la disposición para ser educados permanentemente, a lo largo de la vida y en la vida cotidiana.
Así pues, los niños, los adultos y las instituciones, en su actuar, educan, por lo que la educadora por excelencia es la comunidad, no la escuela.
La comunidad es un “sistema complejo”, es decir, tiene características y comportamientos no evidentes en los individuos aislados que la forman, ya que estas provienen de las interacciones. Es ahí, precisamente, donde se gestan las revoluciones de las conciencias. Si hacemos el experimento mental de alejarnos de la Tierra a una distancia en que cada humano seamos un punto en el que la estructura interna sea invisible, descubriríamos la red de deseos que nos une; una red tornasolada por el efecto de las interacciones: las ardientes y las que solo conservan la esperanza, las sublimes y las inicuas, las solidarias y las prohibidas, es decir, todos aquellos anhelos que forman la red que es el sustrato de la cultura; es decir, las comunidades se definen por la comunión de los anhelos.
Ante un pensamiento lineal —es decir, un pensamiento que piensa que en la realidad el “todo” no es más que la suma de las partes—, la palabra “comunidad” o “pueblo” se concibe como algo retórico pero inexistente. Sin embargo, la conciencia que forma las revoluciones no es obra de nadie en específico, sino de las interacciones de los deseos. A diferencia de la educación de los niños y de los adultos, la educación de la comunidad se centra en el fruto de las interacciones, no en sus elementos.
V. Acciones que alivien los efectos perniciosos de la educación neoporfirista
1. El fortalecimiento de las Normales
Puesto que la Educación es un servicio que otorga el Estado, la formación de los maestros debe ser prioritaria.
a) La planta docente de las Normales deberá contar con los más distinguidos maestros en cada especialidad. Deberá regularse para que no quepan dudas.
b) Los estudiantes de las Normales destinarán tiempo completo a su formación, por lo que dispondrán de una beca suficiente.
c) El ingreso a las Normales deberá pasar por una selección eficaz que eleve la probabilidad de buenos resultados.
d) El grado académico que otorguen las Normales será suficiente para el ejercicio de la profesión. No necesitará un posgrado para la educación básica (eliminar la meritocracia de papel).
2. La Universidad Pedagógica Nacional (UPN)
a) La UPN tiene el prestigio suficiente para fortalecer un modelo de universidad extensionista; es decir, capaz de identificar los problemas educativos en la realidad social, llevarlos al terreno de la investigación y proponer soluciones. Para ello deberá fortalecer los grupos de investigación de frontera.
b) Deberá formar investigadores (doctores), fundamentalmente incorporados desde el principio a proyectos de investigación, para combatir la proliferación de doctores en Educación formados en el neoporfirismo, que alcanzan el grado con cursos de fin de semana.
3. La fiebre de evaluación
La evaluación es un proceso útil para clasificar grupos, por ejemplo, cuando se requiere una selección, o cuando se requiere para responder una pregunta de investigación. En el periodo neoporfiriano, la evaluación pasó de ser un medio a un fin, sin más aval para su ejecución que la ausencia de crítica al proceso educativo. Es por eso que se propone:
a) Eliminar la evaluación innecesaria. Es mucho el tiempo y los recursos destinados a evaluar el proceso, solo para obtener indicadores insustanciales.
b) Los alumnos de educación básica no requieren ser calificados. La educación básica es un servicio al que todos tienen derecho y del que no deben ser excluidos. Los niños y los adolescentes están obligados a asistir a la escuela básica y a esforzarse, y podrán ser evaluados para diseñar planes de mejora, confirmar sus avances o estimular sus logros, pero no para ser descalificados. Eso no los beneficia.
c) El profesorado no podrá intimidar a los alumnos con la calificación, por lo que deberán poner todo su talento en hacer de los pocos años de la educación básica una experiencia fructífera para los alumnos.
d) El profesorado deberá contar con toda la libertad para que su creatividad pueda dar frutos, de modo que ningún alumno quede fuera del proceso educativo. Deberá cumplir con su trabajo, pero no someterlo a evaluaciones mediante obligaciones inútiles: planeación, programación, reportes, etc.
e) El profesorado deberá contar con las herramientas necesarias para distinguir y actuar ante la diversidad de las personalidades, limitaciones físicas o de cualquier otro tipo de los alumnos.
f) Conviene que la Educación superior asuma el sistema de créditos; es decir, el curso podrá ser acreditado o no acreditado, pero nunca calificado numéricamente. No existe ningún algoritmo que mida el aprendizaje en forma numérica. La calificación numérica no tiene ninguna validez científica ni mediante pruebas estandarizadas.
g) La evaluación deberá conservarse para la selección de ingreso en los niveles superiores o para atender una pregunta de investigación que lo amerite.
VI. Reemplazar el modelo educativo por competencias por una didáctica basada en evidencias
La vida intelectual del neoporfirismo se caracterizó por la frivolidad en su actitud, la superficialidad en el conocimiento, la falta de argumentación y el exceso de opinión desinformada. Con estas características, la Secretaría de Educación Pública impuso el modelo educativo por “Competencias” al que nos hemos referido anteriormente. Por fortuna, este no arraigó entre los maestros que trabajan en el frente y son conscientes de que se trata de un sistema de obviedades e ignorancia soberbia de las autoridades educativas. El modelo no tiene más adeptos que los funcionarios contemporizadores que aún participan en puestos directivos de Educación.
La nueva Escuela Mexicana o la Escuela de la 4T tendrá sentido histórico si se inspira en el movimiento social que la logró, si se vincula con los movimientos del pasado cuyas demandas siguen tan vigentes, como los ideales de la Revolución de 1910 y con los sentimientos de la Nación de Morelos. La evidencia es que la Cuarta Transformación se ha puesto en marcha con lo mejor de las entrañas de nuestro pueblo. Así, nada ni nadie podrá contenerla, y será un momento de la historia en el que ella no podrá definirse por continuismo, sino que nuestra generación tiene que actuar con pasión y convicción para que la transformación se realice.
En Guadalajara, Jalisco. 29 de febrero de 2024
NOTAS
- Isidro Castillo. (7 de mayo de 1984). La Revolución Educativa: La descentralización [Conferencia].
- La Educación en México ha tenido algunos momentos luminosos, aunque aislados; por ejemplo, en el inicio de la colonia los misioneros ensayaron un proyecto de educación sin armas y sin Biblia; en particular el de don Vasco de Quiroga, fue la Utopía de Tomás Moro hecha realidad. En plena Colonia se fundaron el Colegio de las Vizcaínas y la Escuela de Minería, que fueron laicas.
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- Castillo, op. cit.
- Castillo, op. cit.
- Además de haber sido Rector de la Universidad Nacional de México.
- Castillo, op. cit.
- A pesar de esta experiencia, la alfabetización como un bien aislado ha sido un error inveterado en México.
- Fuente: https://www.jornada.com.mx/2011/11/23/politica/017n1pol
- Esta declaración fue una concesión al conservadurismo del siglo XIX, que con un juego de palabras invirtió el sentido de la idea de José María Luis Mora: “Educación para la Libertad” en “Libertad de Enseñanza”, con la que la Constitución permitió la enseñanza de la religión en las escuelas.
- “La educación que imparta el Estado […] I. Garantizada por el artículo 24 la libertad de creencias, dicha educación será laica y, por tanto, se mantendrá por completo ajena a cualquier doctrina religiosa;”